Se acaba el día y atónita miras atrás.
Los rastrojos de un camino pedregoso se ciernen…
Ante tus pies.
Huellas en la piel, rastros de sangre por secar
Y tú mirando atrás.
No quieres volver, sin embargo no puedes caminar.
Te quedas parada, una vez más, esperando una señal.
Te bebes tu nostalgia en sorbos de ginebra y quién sabe que más.
Esperas caer en el profundo sueño y no despertar.
En cambio, estás de pie, borracha, sola…y sin poder caminar.
