27 jul 2009

Sobre la sensación de sentirse inútil...

Sentisre inútil es algo muy común hoy día, a todos nos pasa o nos ha pasado alguna vez en nuestra vida. Lo malo de esa sensación es que se convierta en tu compañera por un largo tiempo.

Todo comienza cuando un día, de repente, miras el reloj y te das cuenta de que no tienes absolutamente nada que hacer, o mejor aún, lo que tienes que hacer es algo que no quieres y que sabes que no vas a hacer. Si el motivo por el que no vas a hacer ese algo es la desgana o apatía, realmente tienes un problema. Un problema muy extendido entre la sociedad española, de eso no cabe duda.

Pero, realmente tienes un problema si tu apatía se convierte en hábito. Es entonces cuando entras en un proceso de decadencia hacía la pereza y el aburrimiento. Una espiral que te da mucho margen de tiempo, tanto que te empiezas a replantear toda tu vida y milagros, toda tu trayectoria.
Surgen preguntas como: ¿realmente sirvo para esto?, ¿alguna vez encontraré alguien a quien querer?, o mejor aún, ¿alguien que me quiera?...

En tu cabeza anidan del orden de 100 bandadas de pájaros acosándote sin cesar, ansiando respuestas para las que no tienes argumentos.

A partir de esos días, los pájaros que te acompañan parecen ser los dueños del mundo y tu alguien insignificante que intenta filosofar y buscar soluciones a los problemas que crees fundamentales en tu mísera vida.

Si, para colmo se produce una coyuntura como estar en desempleo, haber roto una relación fuerte de amistad o amorosa,etc, la mezcla es explosiva.

El resultado es un sentimiento que engloba una amalgama de aptitudes:ser inservible, insignificante y prescindible.




La solución para mi es sencilla: aceptar que somos seres humanos, no dioses. Aceptar que nadie depende de nosotros y que lo único que dejaremos será el recuerdo, ese recuerdo que algún día se convertirá en olvido.









EL VIAJE DEFINITIVO (Juan Ramón Jiménez)

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincon de aquel mi huerto florido y encalado,
mi espiritu errará, nostalgico.

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.