Siempre queremos ser ella, o él. Siempre queremos ocupar su lugar, que nos miren con los mismos ojos que a esa persona. Que nos digan esas palabras que oímos y nos suenan a gloria. Esas palabras que nunca oímos dirigidas a nosotros.
Siempre deseamos estar en su lugar en ese momento, e incluso en todos los momentos.
A veces, inconscientemente, nos nublamos de un sentimiento difícil de describir. Una amalgama de sensaciones pasando por el odio; la ira; la impotencia; la nostalgia y la vergüenza que nos inundan y salen disparadas al exterior reflejadas de diferentes formas.
A ojos del espectador esto podría parecer en un principio inexplicable, y más tarde, incluso risorio.
Pero...el espectador, solo y observador, ¿conseguiría alcanzar una explicación lógica ante semejantes actitudes?
¿Celos? ¿Por qué?
¿Nos gusta sentirnos únicos?
¿Somos desconfiados de todos y sobre todo, de nosotros mismos?
¿Inseguridad?
Imperfecciones muchas y muy diversas con las que convive el ser humano, pero...
es sólo eso o...¿hay algo más?
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